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Artes Musicales

Introducción

A modo de introducción

             Desde su “aparición oficial” en los programas educativos de la enseñanza básica en un lejano 1895, la educación musical ha buscado – con suerte diversa ocupar un rol, si no protagónico, al menos importante en el desarrollo estético del niño chileno.

            La palabra estética la estamos entendiendo de acuerdo a lo propuesto por John Dewey, el que la define como: “una experiencia que comprende la percepción, la apreciación y el goce de lo que llaman Bellas Artes”. No estamos propugnando un ideal platónico que ponga énfasis en una belleza ideal y lejana, sino en una educación musical que desarrolle estructuras de pensamiento, fundadas en la percepción auditiva y kinestésica a partir del saber acumulado de la cultura universal del hombre, a base de materiales seleccionados con un juicio estético-pedagógico que le permitan al niño, progresivamente, acercarse a las obras musicales del pasado, del presente y del futuro, utilizando los estímulos que recibirá del entorno, pero basándose fundamentalmente en la capacidad que posea el maestro – como elemento mediador-, para facilitar el encuentro entre el medio circundante y la cultura acumulada.

             Al tomar la música la denominación de Educación Musical en los programas escolares el año 1952, establece una distinción relevante como medio educativo indispensable para aspirar al logro de un niño chileno equilibrado. La música en la escuela no puede seguir considerándose más como medio de diversión o de juego manual o como ejercicio de un medio de cultura, como piensa Souriau, sino como un hecho estético que entra en combinación con la naturaleza sicológica, social y pedagógica del niño.

             Cuando se habla Educación Musical, o como se le llama ahora Artes Musicales, mucha gente cree que se trata simplemente de aprender a cantar, tocar instrumentos o bailar, cuando en realidad buscamos que a través de los elementos estructurales de la música, el niño pueda desarrollar conceptos que le permitan la adquisición y desarrollo de facultades cognitivas que a través de la experiencia artística combinen, de modo integral, racional y emocional.

             A través de la música son estimulados los afectos, y estos se transforman en los motores fundamentales para el inicio del aprendizaje y de una expresión individual sin limitantes formales, en la que el niño pueda experimentar con la música, equivocarse, bailar, probar instrumentos, ser el mismo.