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La Cruz Compuesta del Cultrún Mapuche


Por Gastón Soublette (*)

 

 

 Este símbolo venerable se halla pintado sobre la membrana del cultrún, el timbal sagrado del chamán mapuche llamado machi.

Se trata de un instrumento de percusión, membranófono, constituido por una vasija circular de madera y un parche o membrana de cuero amarrada a la vasija por un hábil y hermoso encordado. En su interior contiene diversos objetos simbólicos y otros, que le dan el carácter de sonaja cuando es agitado.

El interior de esta vasija, con sus objetos simbólicos, es para el mapuche como las entrañas de la madre tierra, continente de los vigorosos gérmenes de la vida que ella es capaz de dar, cobijar y sostener. La membrana lleva pintado el mencionado símbolo cruciforme con tinturas o sangre de algún animal sacrificado.

Por la información recibida de los mapuches mismos, se puede afirmar que esta cruz reúne en sí múltiples significaciones íntimamente relacionadas y complementarias.

La cruz está inscrita en un círculo, es decir, en la membrana circular del cultrún. Las cuatro demarcaciones que resultan de los brazos mismos de la cruz, son los puntos o direcciones cardinales. Según esta interpretación, la cruz determina en el área del círculo lo que los mapuches llaman Meli Huitran Mapu, esto es, tierra de los cuatro lugares, o Meli Esquina Mapu, tierra de las cuatro esquinas; o Meli Changquiñ Mapu, tierra de las cuatro ramas.

El signo repetido cuatro veces entre los brazos de la cruz es la swástica, lo que conforme a la simbología universal y al testimonio de los informantes aborígenes, representa al sol, en los cuatro tiempos del año o estaciones y en las cuatro fases de un día; esto es, sol del amanecer, sol del mediodía, sol del crepúsculo y sol oscuro bajo la tierra.

Según esta disposición espacial y temporal del cuaternario de la cruz, a cada esquina del mundo o punto cardinal se le asignaría un elemento: el aire al Norte, el agua al Oeste, el fuego al Oriente y la tierra al Sur.

Según otra interpretación, los remates curvos de los extremos de la cruz son las fases principales de la luna. Así, trazando las bisectrices de los ángulos rectos, como se hizo anteriormente, el círculo queda dividido en cuatro sectores circulares, dentro de los cuales el doble trazado de la cruz determina siete espacios. Esos siete espacios corresponderían a los siete días de la semana (ver imagen 1).

Ahora bien, cuatro sectores circulares iguales determinan un mes lunar de veintiocho días.

El año lunar resulta multiplicando esos veintiocho días por trece, múltiplo que se obtiene por la adición de los doce extremos de la cruz lunada, más el círculo central (ver imagen 2).

Así se obtienen 364 días, a los que hay que agregar la unidad del punto central para obtener los 365 días del año solar (Ver artículo del profesor Carlos González y titulado “Un signo pintado en la cerámica chilena”. Revista Aisthesis, número 9, año 1976).

 

 

La presencia del calendario de la luna en el cultrún procede justamente del carácter lunar del arte chamánico mapuche, pues es la luna, para el mapuche, el astro que preside la fertilidad de la tierra, el nacimiento de los seres humanos, determina el sexo, impulsa la procreación animal, da vida, bienestar, salud y buena fortuna. Por eso a las machis se les llama nguenküyen, esto es, señoras de la luna (N.d.E.: equivalentes a las servidoras de Artemisa en Grecia). Y por la misma razón el Machitún o ceremonia de curación se realiza de noche.

Desde el punto de vista de la mitología, esas cuatro fases de la luna son también los cuatro espíritus o dioses lunares invocados en los nguillatunes y machitunes, según la estructura cuaternaria del panteón mapuche.

Para otra interpretación, los remates curvos de la cruz representan al arco iris (Relmu). Se sabe que este fenómeno meteorológico tiene una especial significación para el hombre antiguo, porque surge de la conjunción de la luz solar y la lluvia, es decir, de la armonía de dos contrarios, lo que hace de él un signo muy propicio.

El mapuche, en sus rogativas solemnes (nguillatunes), pide al cielo la lluvia y el buen tiempo, los que son simbolizados por una bandera negra y una blanca respectivamente.

La coexistencia de la lluvia y la luz solar en un instante excepcional, al par que indica el paso del tiempo lluvioso al tiempo claro, representa la síntesis de esos contrarios simbolizados por el color blanco y el negro y, por eso, representa la armonía cósmica o equilibrio de lluvia y bonanza pedido en los nguillatunes.

Así, cuatro arco iris, situados en los puntos cardinales u horizontes, significan la armonía cósmica establecida en los cuatro lugares de la tierra.

En un sentido mitológico, esos cuatro arco iris, situados en los cuatro puntos cardinales, son también los cuatro espíritus o familias de espíritus de los puntos cardinales, que presiden la acción de las fuerzas natura les, determinando las condiciones climáticas. Se ha dicho, por esto, que el arco iris es la bandera del Señor (Ñidol) enarbolada por los Meli Huitrán, dioses de los cuatro lugares.

En lo que al arco iris se refiere, hay un diseño del cultrún en el cual al centro de la membrana se ubica una estrella de cinco puntas y, sobre ella, en el borde superior del cultrún, un arco iris formado por tres bandas de color azul, amarillo y verde. En este diseño, el azul representa el cielo (Huenu), y se sitúa en la banda exterior, en el borde mismo de la membrana del cultrún. El amarillo representa al sol, o simplemente la luz del día (Antü), y se sitúa en la banda central. El verde representa a la tierra (Mapu), y se sitúa en la banda inferior del arco.

Este arco iris abreviado expresa el sentido del arco iris verdadero, signo de la armonía cósmica manifestada en este diseño como el perfecto acuerdo del cielo con la tierra por el influjo de la luz divina, en cuanto la divinidad suprema tiene su ruca de oro, milla ruca, en el sol, fuente de vida.

Esta Estrella, que, después encontraremos en el pabellón nacional, es la que Don Bernardo O’Higgins y don Ignacio Zenteno designaron con el nombre de Estrella de Arauco y no es otra sino el planeta Venus o Lucero, que en lengua mapuche toma el nombre de Guñelve.

 

 

En cuanto a la inclusión de la estrella pentagonal en el cultrún, hay otro diseño en que aparece alternada con la swástica, en una policromía de rojo y azul.

En este diseño, la posición de la estrella en dos campos opuestos alude sin duda a la evolución de Venus en la bóveda celeste, por la cual se transforma de lucero de la tarde en lucero de la mañana y viceversa, como así mismo al ciclo en que el planeta Venus se desplaza y vuelve a un mismo punto inicial de observación.

Se sabe que el cálculo de estos movimientos de Venus en la bóveda celeste, era conocido por los sabios aborígenes antiguos, como lo conforman recientes investigaciones sobre el significado de los signos de la cerámica ceremonial. Sobre este punto se dará más información en el capítulo dedicado a la bandera de la Estrella Solitaria.

Resumida de este modo la escasa información recibida de fuente aborigen, se hace necesario considerar el símbolo de la cruz inscrita en el círculo, en el contexto de la tradición simbólica universal.

Se pensará tal vez que no es posible extraer de este símbolo conclusiones allende lo que la cultura mapuche autorizaría. En respuesta a esa posible objeción, se debe tener presente que, en esta etapa de las investigaciones en ciencias humanas, puede afirmarse que no hay mundos culturales cerrados, de manera que todos los símbolos antiguos obedecen a patrones provenientes de una tradición sapiencial al parecer única, lo que se echa de ver en la similitud de formas y función que todos los símbolos antiguos van presentando a medida que se retrocede en el tiempo hacia la antigüedad más remota.

La cruz compuesta del cultrún araucano no presenta ningún elemento extraño a la tradición simbólica universal y, en sus líneas fundamentales, puede ser considerada como un símbolo construido conforme a patrones comunes a todos los pueblos. Esto se aclara en un análisis detallado de su construcción geométrica, a la luz de la base doctrinaria que subyace en los relatos mitológicos, y en el vasto repertorio de plegarias, invocaciones y cánticos rituales, mapuches.

A la postre se verá que la simbología universal, en cu yo contexto será analizado este símbolo mapuche, lejos de contradecir las informaciones de fuente aborigen y las conclusiones que pueden extraerse de la mitología y de los textos de las plegarias, las confirman, las completan y las desarrollan.

La cruz inscrita en el círculo es un símbolo compuesto cuyo significado surge de las instancias mismas de su construcción.

Así, lo primero que hay ante nuestros ojos es el círculo. En el caso del símbolo araucano, la membrana circular del cultrún, en blanco.

El círculo fue siempre considerado por todos los pueblos antiguos como la forma geométrica perfecta y, por eso, la imagen misma del ser supremo, del gran todo o del absoluto.

Su relación con el disco solar es evidente, en la forma y en el significado, en cuanto el sol es, entre todos los seres visibles, el que mejor representa al ser supremo, como fuente de vida y de luz.

Las propiedades del círculo, que hacen de él la forma geométrica perfecta, son la regularidad y la totalidad.

La regularidad (simetría) implica unidad, en oposición a la irregularidad que implica diversidad. La regularidad absoluta es aquella que no reconoce partes. Sólo el círculo es regular en ese sentido absoluto. Por eso en el círculo, a esta propiedad que es común a todos los polígonos regulares, se agrega la de totalidad, porque el círculo, al no admitir complemento, es símbolo del infinito, es decir, del gran todo o gran uno.

La circunferencia que lo determina, simboliza lo que no tiene principio ni fin, lo que es eternamente igual a sí mismo. Por tal razón lo infinito es el todo, el todo es único y lo infinito es uno.

Ahora bien, para dibujar la cruz es preciso visualizar el centro, es decir, el punto que se halla a igual distancia de todos los puntos de la circunferencia.

La sola visualización de ese punto, le da una determinación nueva como una forma mínima que, dentro del círculo, representa la unidad, o primera semilla de la manifestación.

 

 

La instancia siguiente es el diseño del brazo horizontal y vertical de la cruz, que representan tradicionalmente el principio materno o receptivo y el principio paterno o creativo del universo.

Estos dos principios, fundamentos dinámicos de todo lo creado, son los que en la tradición china toman los nombres de Yin y Yang, representados en el conocido símbolo clásico.

 

 

Se sabe, no obstante, por la más remota tradición, que el signo de la cruz fue instituido muchos milenios antes de este evolucionado diseño clásico, y constituyó la más antigua representación simbólica de la dialéctica universal, como puede apreciarse por la siguiente cita de un texto del historiador chino Tchui Hi, de la dinastía Song:

 

"Fue el emperador Hien Yuen Chi, quien unió dos trozos de madera, uno horizontal y otro vertical, para honrar al Altísimo, es decir, instituyó el signo de la cruz como símbolo de la unión del principio creativo y del principio receptivo del universo. El nombre de este soberano proviene de las palabras que designan los brazos Este-Oeste y Norte-Sur de la cruz, que son Hien y Yuen".

 

Según la cronología China, esto ocurrió en una época sumamente remota, muchos milenios antes del primer emperador de fecha conocida (Fu Hi, 3.500 a.C.).

En cuanto al origen de la cruz del cultrún, nada se sabe ni puede saberse con precisión, salvo que presumiblemente su diseño date de una época muy anterior a la radicación del pueblo mapuche en Chile. Con todo, los antiguos de América no pueden haber visto en el símbolo de la cruz otro significado que el que real mente tiene y ha tenido para todos los antiguos, lo que puede rastrearse en algunos cantos de machi que, refiriéndose a los brazos de la cruz, los llaman padre y madre.

 

Tengo

Mi cultrún

Mi cultrún.

Tuya es

Tuya es su madera.

Tenlo siempre presente

Tenlo siempre presente

En el espacio vacío

El espacio vacío

En la tierra

La tierra

Me están diciendo

Dos veces la madre

Dos veces el padre antiguo

 

Se advierte que los dos últimos versos se refieren a la característica duplicación de los brazos Norte Sur y Este Oeste de la cruz del cultrún, aunque excepcionalmente se encuentren cultrunes de cruz simple.

Ahora bien, esta dualidad fundamental expresada en la cruz, se aviene con la denominación dual empleada por los mapuches para designar al ser supremo como Fücha y Cushe, es decir, anciano y anciana, forma mítica de aludir a la dialéctica universal del principio creativo y receptivo del universo, y a su acción en el tiempo.

Dichos nombres suelen ser más complejos y varia dos; así, por ejemplo, el anciano y la anciana son nombrados como Huenu rey Fücha y Huenu rey Cushe, vale decir, anciano rey en lo alto del cielo y anciana reina en lo alto del cielo. La palabra “rey” intercalada aquí corresponde a una transculturación, pero no altera el sentido original de estas antiquísimas denominaciones religiosas.

También suele llamarse a esta pareja Feta Chachai y Ñuque Papai, es decir esposo padre y esposa madre; o se agrega a dichas denominaciones el nombre genérico de Ñidol, es decir, supremo. Así el anciano, como esposo padre supremo, se llama Feta Chachai Ñidol.

Otra denominación usada es Nguenechén, que literalmente significa señor de los hombres y que agregada a las personas divinas adquiere el sentido genérico de dios.

Se debe tener presente, sin embargo, que mucho se discute hoy en torno al tema de la denominación y naturaleza de la divinidad en la religión mapuche, por las muy variadas y aparentemente contradictorias informaciones entregadas por los mismos mapuches, deliberadamente o por ignorancia, o que parecen tales por una incompatibilidad de lenguaje que sólo se aclara cuando el investigador se sintoniza con el enfoque mítico de la cosmovisión aborigen.

La denominación y naturaleza de la divinidad es uno de los puntos más obscuros de los estudios que se están realizando en la actualidad sobre las culturas aborígenes de Chile, entre otras razones porque la evangelización, con todos sus supuestos filosóficos y teológicos, intervino la cultura mapuche y alteró sus originales formas de expresión religiosa, al punto que, hasta hoy, no es posible formarse una idea clara sobre este aspecto.

En todo caso, la denominación dual de la divinidad es, sin duda, la más antigua; al igual que la cruz en el círculo, se emparenta con antiguo arquetipos sapienciales del extremo Oriente de Asia.

Este parentesco es más estrecho aún, si se considera que el esquema dialéctico del Yin y del Yang chinos no es completo a menos que sea visto en su evolución dinámica a través del tiempo, constituyendo un cuaternario o doble pareja, como puede apreciarse por sus representaciones lineales prehistóricas, según se hallan en el célebre canon confuciano de Las Mutaciones, conocido por el nombre de I Ching o Yi King.

En él cada principio de la dialéctica tiene dos formas de representación, una calificada de antigua, y otra de joven, lo que insinúa una personificación mítica tal vez más antigua.

 

 

Este esquema parece tener su equivalente mítico mapuche en el cuaternario formado por la pareja de ancianos ya mencionada, y otra de jóvenes que, junto a ella, constituye el cuaternario supremo del panteón mapuche, llamado en conjunto Ñidol (Jefe).

 

Feta Chachai
(esposo padre)

Ñuque Papai
(esposa madre)

Hueche Huentru
(hombre joven)

Ulcha Domo
(joven doncella)

 

La segunda pareja está constituida por un hombre joven dios y una joven doncella diosa, a los que se agrega, en ciertas invocaciones, el apelativo de renovadores, idéntico al que se da en el I Ching al Yin y al Yang jóvenes.

En lo que se refiere a las representaciones lineales del Yin y del Yang atribuidas al emperador Fu Hi, se advierte claramente que ellas proceden de la descomposición de la cruz instituida antes por Hien Yuen Chi, pues el trazo entero del Yang y el trazo quebrado del Yin, no resultan sino del acoplamiento del brazo vertical y el horizontal de la cruz, el cual debe ser abierto o perforado por el que representa la fuerza activa descendente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo lo anterior tiene una clara connotación sexual, en cuanto el sexo masculino es una vara y el sexo femenino es una abertura, y constituyen la más directa y patente concreción de ambos principios en el mundo visible.

Asimismo, se advierte claramente que la pareja del Yin y del Yang jóvenes, y del Hueche Huentru y Ulcha Domo, corresponden a la proyección de los principios fundamentales de la dialéctica en las creaturas.

De esta manera, la relación que hay entre la expresión vieja y la joven de cualquiera de los principios, es la misma que hay entre éstos y sus respectivas manifestaciones cósmicas, tales como cielo y tierra, hombre y mujer, fuego y agua, día y noche.

Por eso se dice en el I Ching que la pareja Yin y el Yang viejos es estática, y la pareja joven es dinámica; esto, naturalmente, no está explicita do en la sabiduría mapuche, sino que persiste como la expresión de una verdad mítica. Podría ser el origen de la duplicación de los brazos de la cruz en el cultrún araucano.

Con todo lo anterior no se está diciendo sino que las formas de expresión de la dialéctica universal en la China antigua y entre los mapuches, emanan de un arquetipo común propio de la familia racial, a la cual chinos y mapuches pertenecen (N.d.E.: al parecer el autor desconoce que el origen de la tradición simbólica a la que alude es indoaria, e incluso pre kurgan –incluyendo la propia swástica- , y que es de estos que pasó a los chinos así como a los tibetanos).

 

La cruz en el círculo constituye así una representación de las dos primeras instancias de la creación, las cuales son: la unidad o simiente única del mundo, y la dualidad de los principios receptivo y creativo. Unidos en la cruz ambos principios, generan el movimiento creador. El punto de conjunción o acoplamiento, que coincide con el centro, suele ser destacado con un círculo pequeño, para indicar que allí está el punto de generación y expansión de la fuerza creadora, el mismo punto que en la instancia anterior representaba la unidad o simiente del mundo.

Si se asigna a cada instancia un número de orden, surge la simbólica de los números, que también es de validez universal, como se advierte por los paralelos establecidos entre diferentes tradiciones. Así, la tercera instancia da su contenido simbólico al tres, como número arquetípico o de la idea. Es el tercer principio, constituyente del ternario derivado del binario, según el esquema padre-madre-hijo, o tesis-antítesis-síntesis, o presión-depresión-equilibrio.

Ese principio, derivado de la conjunción de las fuerzas creadora y receptora primordiales, constituye el mundo llamado inteligible, donde la creación alcanza una primera concreción fundamental en los arquetipos o moldes trascendentes de la realidad visible, denominados, según Platón y Confucio, ideas, rectores invisibles y fundamento genérico de todas las creaturas.

La presencia del ternario arquetípico en el símbolo mapuche que nos ocupa, se muestra al parecer en los “trípodes” de los extremos de la cruz, lo que esquemáticamente puede representarse en esta forma:

 

 

Incorporado así el ternario en la composición del símbolo, y al aparecer en los cuatro extremos de la cruz, fija el límite entre el mundo invisible o arquetípico, y el mundo visible.

De esta manera, el tres viene a ser el número símbolo del orden interior, y el cuatro, el número símbolo del orden existente sensible. Su forma geométrica es el cuadrado, ó la cruz como cuaternario, y su concreción natural es la tierra con sus montañas, ríos, y bosques, y su cuatro demarcaciones básicas.

En oposición al círculo, esta figura angulosa es la imagen de lo mensurable. Se ha de notar también que la estructura cuaternaria del mundo visible aparece sobre la ternaria del mundo arquetípico y la binaria de la pareja primordial, y desde el centro o conjunción y primera simiente. Esta representación simultánea de las cuatro grandes mutaciones del universo, no revela otra cosa si no que ambos mundos, visible e invisible, son semejantes, y más aún, forman una sola cosa, como lo enseña el célebre axioma de la Tabla de Esmeralda, de Hermes Trismegisto: “Como arriba es abajo y como abajo es arriba, para formar los milagros de una sola cosa”.

El cuadrado puede hallarse en posición pasiva o activa. En la primera descansa sobre un lado, y en la segunda sobre un vértice, teniendo la diagonal como eje de simetría.

 

Posición Pasiva - Posición Activa

 

En el cultrún mapuche la posición del cuadrado es activa. Esa posición, indica rotación, lo que, a su vez, sugiere la transformación del cuadrado en círculo, índice éste, de lo divino o perfecto presente en toda la creación, visible en el movimiento de los astros, de los sistemas planetarios, de las galaxias y de los ciclos que rigen el destino de todas las creaturas.

La representación conjunta del mundo visible y el invisible en una sola figura, indica que la cruz es, en uno y otro mundo, binario y cuaternario. Entre ambos el ternario, tal como es diseñado en el símbolo mapuche, fija la transición del dos al cuatro. Así la cruz en el círculo llega a ser también la imagen de la tierra cubierta por la bóveda celeste.

 

 

El cielo es redondo y la tierra es cuadrada dice un texto antiguo, lo cual significa que en el mundo visible, el cielo reproduce la imagen circular de lo infinito, y la tierra, la imagen angulosa de los mensurable, regida por el cuaternario. Cuatro son las esquinas del mundo (meli esquina mapu), cuatro son las estaciones del año, cuatro son los elementos. Así, la membrana del cultrún, con su signo cruciforme, representa la plataforma terrestre y sus cuatro demarcaciones básicas.

Se dijo antes que rara vez el diseño de la cruz del cultrún es simple, es decir, de un sólo trazo para el padre y una para la madre, casi todos los cultrunes muestran una cruz doble, como se ve en la página 16 de este libro. Se entiende fácilmente que ese diseño doble representa mejor el carácter dual de las concepciones religiosas mapuches, por el desarrollo dinámico de la pareja primordial en una cuaternidad, según el remoto arquetipo oriental antes mencionado, lo que a su vez perfecciona el sistema de trazos para la representación del calendario lunar.

En lo que se refiere a la swástica presente en la cruz del cultrún, a juzgar por el informe de los indígenas y como todas las swásticas del mundo, representa al sol.

Sus aspas indican rotación, es decir, energía actuante e irradiación. Ahora bien, las cuatro swásticas, como fases del ciclo diurno y tiempos del año, indican que este signo cruciforme es rotatorio, lo que viene a con firmar la posición activa del cuadrado determinado por la cruz, como expresión del sentido cíclico universal. A su vez, las cuatro swásticas representan cuaternarios de diversas categorías de dioses.

Así, el uso ceremonial del cultrún, como base rítmica e impulso vital del conjunto instrumental, del canto y la danza mapuches, pone en movimiento este diseño del orden divino, dialéctico del universo, buscando restablecer en la realidad, a través del poder de la música, el orden allí representado; esto recuerda los tiempos remotos en que la música, según la experiencia de todos los pueblos, constituía realmente un poder.

En lo que se refiere a los remates de los extremos de la cruz que, en ciertos cultrunes, son curvos (fases de la luna, arco iris) y en otros son rectos, la suposición de algunos investigadores de que simbolizan copas de araucarias, pareció verificarse por el testimonio de algunos pehuenches de la zona de Icalma, quienes suelen representar a la pareja mítica del padre y la madre primor diales por una pareja de araucarias macho y hembra.

En efecto, cuando estas grande coníferas se aproximan en edad al milenio, adoptan una forma parecida a las barras de la cruz del cultrún con sus remates curvos, y así, por su diferenciación sexual, estos árboles, más que ningún otro elemento de la naturaleza de nuestro país, sirven para representar al anciano rey y a la anciana reina en lo alto del cielo.

Asimismo, los pehuenches de esa zona dijeron que la cruz con remates rectos, utilizada por ellos en sus cultrunes y en sus banderas de nguillatunes, recuerda con sus trípodes las patas del choique, esto es, el ñandú, o avestruz americana. De modo que la dualidad primordial en esta cruz, está simbolizada por el acoplamiento de una pareja de ñandúes, aves casi extinguidas hoy en Chile, pero ampliamente recordadas en los ritos y en la imaginería de los mapuches, y cuya especial significación e importancia para ellos será necesario investigar más a fondo.

 

 

En lo que concierne a la posición de los pueblos sobre la plataforma terrestre simbolizada en el cultrún, debe considerarse también esta cruz como la situación de un centro habitado (Aillarehue), que adquiere para los allí situados el carácter de centro del mundo, y se constituye en punto de referencia para la fijación de las cuatro demarcaciones de la tierra.

Así, para una comunidad dada, la zona central de la cruz equivale a lo que en mapuche se llama Anënmapu es decir, la tierra en que estamos parados, en referencia a la cual quedan determinadas la tierra del Oriente, o Puelmapu; la tierra del Norte, o Picumapu; la tierra del Sur, o Huillimapu, y la tierra del Occidente, o Lafquenmapu.

Estas denominaciones se extienden también a los pueblos que, en referencia a ese pueblo, viven en las cuatro ramas de la tierra. Porque, históricamente, fue en referencia a una determinada parte del pueblo mapuche –quienes vivían en el centro del país y que opuso una tenaz resistencia a la dominación extranjera durante tres siglos-, que se llamó Picunches a los hombres del Norte y Huilliches a los hombres del Sur (N.d.E.: Puelches a los hombres del oriente y Lafquenches a los hombres del poniente).